Cómo afecta el clima a la producción de leche

Por Equipo LECHE DE VACA4 min de lecturaActualizado el 26 de agosto de 2026
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Ilustración de una vaca bajo ventiladores industriales en una granja durante una ola de calor

Los veranos cada vez más largos y calurosos que atraviesa España no son solo un problema para las personas: también lo son, y de forma muy directa, para las vacas lecheras. El estrés térmico se ha convertido en uno de los factores que más preocupa a los ganaderos, porque afecta tanto a la cantidad de leche producida como a la salud reproductiva del rebaño, y su impacto ya es perfectamente medible en los datos de producción de los últimos años.

El estrés térmico y el índice temperatura-humedad

Las vacas lecheras, especialmente las razas de alta producción como la frisona, son animales que generan mucho calor metabólico como consecuencia de su propia digestión y producción de leche, lo que las hace especialmente sensibles a las temperaturas elevadas. Los técnicos utilizan el llamado índice temperatura-humedad, o ITH, que combina ambos factores para estimar el nivel de estrés térmico al que está sometido el animal. A partir de un ITH considerado crítico, que en la práctica se alcanza con frecuencia en el interior peninsular durante los meses de julio y agosto, las vacas reducen de forma notable su consumo de alimento como mecanismo para generar menos calor interno, lo que se traduce directamente en menos energía disponible para producir leche.

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Los descensos de producción durante las olas de calor pueden superar el 10 o 15 por ciento en granjas sin sistemas de refrigeración adecuados, y el efecto no siempre desaparece de inmediato cuando bajan las temperaturas, porque el estrés térmico también afecta a los ciclos reproductivos, reduciendo la fertilidad y dificultando que las vacas queden gestantes en los meses más calurosos.

Cómo se protegen las granjas del calor extremo

Ante este panorama, la inversión en sistemas de refrigeración se ha convertido en una prioridad para muchas explotaciones, especialmente en Castilla y León, Extremadura o Aragón, donde los veranos son más severos. Ventiladores de gran caudal, sistemas de nebulización que enfrían el ambiente por evaporación y sombras en los patios de espera antes del ordeño son medidas ya habituales en las granjas más tecnificadas. También se ajustan los horarios de manejo, concentrando tareas como el ordeño o el movimiento de animales en las horas más frescas del día, y se modifica la dieta para compensar la menor ingesta con raciones más concentradas en energía.

  • Estrés térmico: reduce el consumo de alimento y, con ello, la producción de leche durante los meses más calurosos.
  • Fertilidad: las olas de calor también dificultan que las vacas queden gestantes, alargando el intervalo entre partos.
  • Medidas de mitigación: ventilación forzada, nebulización, sombra y ajustes en los horarios de manejo y la dieta.

La sequía, un problema que va más allá del calor

El calor no es el único desafío climático del sector: las sequías prolongadas, como las que ha sufrido buena parte de España en los últimos años, afectan directamente a la disponibilidad y al precio de los forrajes y cereales que constituyen la base de la alimentación del ganado lechero. Cuando escasea el maíz forrajero o la alfalfa de producción nacional, los ganaderos se ven obligados a importar alimento, lo que encarece los costes de producción justo en los momentos en los que, además, la producción de leche ya está resentida por el calor. Esta combinación de menor oferta y mayor coste ha puesto a prueba la rentabilidad de muchas explotaciones en los veranos más duros.

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Adaptarse para seguir produciendo

A medio plazo, el sector está explorando también soluciones estructurales, como la selección genética de animales más tolerantes al calor, la diversificación de cultivos forrajeros más resistentes a la sequía y la mejora del diseño de las naves para favorecer la ventilación natural. Ninguna de estas medidas elimina el problema, pero contribuye a reducir su impacto en un contexto en el que los veranos extremos parecen haber llegado para quedarse.

Cada ola de calor que sufre una vaca se nota, tarde o temprano, en el tanque de leche de la granja.

La próxima vez que el termómetro marque cifras extremas en pleno verano, merece la pena recordar que ese calor no solo afecta a las personas: también está detrás de posibles variaciones en la disponibilidad o el precio de la leche en el supermercado, un recordatorio de lo directamente conectada que está la mesa del consumidor con lo que ocurre en el campo.

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Equipo LECHE DE VACA

Redacción de LECHE DE VACA — contenido revisado y actualizado periódicamente.

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