Salmorejo suavizado con un toque de leche

El salmorejo tradicional lleva tomate, pan, ajo y aceite, y ya es cremoso de por sí. Pero si le añades un poco de leche fría al triturar, el resultado gana en suavidad y pierde ese punto ácido que a algunos les cuesta en pleno agosto. Es una versión pensada para quien quiere un salmorejo más ligero al paladar sin perder su esencia.
Ingredientes
- 1 kg de tomates maduros de pera
- 150 g de pan blanco del día anterior
- 100 ml de leche entera fría
- 1 diente de ajo pequeño
- 150 ml de aceite de oliva virgen extra
- Sal y un chorrito de vinagre de Jerez
Elaboración paso a paso
Escalda los tomates unos segundos en agua hirviendo y pélalos: así el salmorejo queda sin pieles que espesen de más la textura. Trocéalos y ponlos en el vaso de la batidora junto con el pan troceado y el ajo pelado. Deja reposar diez minutos para que el pan absorba el jugo del tomate antes de triturar.
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Añade la leche fría y tritura todo a velocidad alta durante dos o tres minutos, hasta que no quede ningún grumo. Ve incorporando el aceite en un hilo fino mientras la batidora sigue en marcha, igual que harías con una mahonesa: así emulsiona y coge esa textura sedosa que caracteriza al salmorejo bien hecho.
Prueba y ajusta de sal y vinagre. Si notas el salmorejo demasiado espeso, añade un poco más de leche fría en lugar de agua: mantiene la cremosidad sin aguar el sabor. Guarda en la nevera al menos dos horas antes de servir, bien tapado.
El truco para que salga perfecto
La leche debe estar muy fría, casi helada, y se añade siempre antes que el aceite, nunca después. Si la incorporas al final, corta la emulsión y el salmorejo queda con una textura granulosa en vez de lisa. El orden de los líquidos importa tanto como los ingredientes en sí.
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Un buen salmorejo se reconoce porque la cuchara se sostiene de pie un segundo antes de caer.
Por qué funciona la leche aquí
El tomate crudo aporta acidez, y esa acidez es justo lo que la leche neutraliza gracias a sus proteínas y su grasa. No hace falta añadir azúcar para corregir el sabor, como hacen algunas recetas: la leche cumple esa función de forma mucho más natural y sin dejar un regusto dulce.
Además, al aportar más líquido con cuerpo que el agua, permite reducir ligeramente la cantidad de pan sin que el salmorejo pierda espesor. Esto lo hace algo más digestivo y menos pesado, ideal para los meses de más calor cuando apetece un plato frío pero no contundente.
Sirve el salmorejo bien frío, en cuencos individuales, con huevo duro picado y taquitos de jamón por encima. Aguanta perfectamente dos o tres días en la nevera en un recipiente cerrado, y también se puede congelar en raciones para tener siempre a mano un primer plato de verano.
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Equipo LECHE DE VACA
Redacción de LECHE DE VACA — contenido revisado y actualizado periódicamente.
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